El 4 de abril de 2013 (en el IESA-CSIC), Futura organizó un coloquio sobre la crisis política, la desafección ciudadana y la legimitidad democrática. Los sociólogos Ramón Vargas-Machuca (Universidad de Cádiz) e Ignacio Urquizu (Universidad Complutense de Madrid), con la moderación de Manuel Pérez Yruela, debatieron sobre la crisis de representación política.
  
Manuel P. Yruela, R. Vargas-Machuca, Ignacio Urquizu, Victoria Fernández (Presidenta de Futura) y Eduardo Moyano (Director del IESA-CSIC)

Existe bastante acuerdo sobre la idea de que además de una crisis económica atravesamos también una crisis política. Así es, aunque no es nueva. Se venía manifestando desde años atrás, pero en el contexto de esta profunda recesión económica se ha puesto de manifiesto con mucha más intensidad. 
Tras la primera crisis del petróleo de 1973, anticipo de las sucesivas crisis que han precedido a la actual, se comenzó a hablar de tres crisis que se podían superponer en las democracias desarrolladas de continuar la ralentización del crecimiento económico iniciado entonces. La crisis social debida a la reducción del crecimiento y el consiguiente empobrecimiento de una parte de la sociedad, que aviva los conflictos sociales por la redistribución de la riqueza y aumenta los problemas sociales (D. Bell). La crisis fiscal (la reducción de ingresos fiscales por causa de la recesión) ante la que el Estado, de acuerdo con la ortodoxia económica liberal dominante, acaba eligiendo reducir los gastos sociales para favorecer el crecimiento de economía, lo que acaba agravando la crisis social (J. O’Connor). Ambas crisis estimulan una crisis de legitimidad de la democracia ante una parte importante de la sociedad, a la que no puede dar la respuesta que esperan de ella las clases sociales que se ven más afectadas por las dos primeras (J. Habermas).
En los momentos actuales, la crisis de legitimidad se ve ampliada por nuestra pertenencia a la Unión Europea, en especial a la zona euro, a cuyas directrices tiene que someterse la política económica y social de cada estado miembro. A su vez, la globalización de los mercados financieros y de la producción ha desatado fuerzas que superan con mucho la capacidad de los estados nacionales para gestionar las crisis anteriores, agravando la de legitimidad.
Frente a estas tendencias que avanzan y se consolidan sin pausa, los avances en las soluciones de gobernanza global necesarias para resolver los problemas que estos cambios plantean a los ciudadanos y a la legitimidad democrática, son todavía escasos. La democracia es difícilmente sostenible si no resuelven ambas en el nivel nacional y supranacional que a cada una corresponde, ofreciendo soluciones que de nuevo den oportunidades a la mayoría de los ciudadanos para llevar una vida digna dentro de una democracia de calidad, que para ser lo tiene que ser también de ámbito europeo.
[Extracto del artículo publicado por Manuel Pérez Yruela en el Anuario Joly Andalucía 2013: http://www.anuariojolyandalucia.com/article/nacional/1474055/crisis/politica/desafeccion/ciudadana/y/legitimidad/democratica.html]


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