La Asociación para el Progreso y la Modernización de Córdoba Futura celebró el pasado 7 de marzo una mesa redonda con el propósito de abrir un debate en torno al presente y futuro de Andalucía. Contamos para tal fin con el sociólogo Manuel Pérez Yruela y el periodista Román Orozco, quienes compartieron con el público asistente sus análisis y reflexiones acerca de Andalucía, cumplidas ya tres décadas desde la aprobación del primer Estatuto de Autonomía y ante la proximidad de la cita electoral del 25 de marzo.


Es indudable que estos 30 años de autonomía han supuesto para Andalucía la posibilidad de asistir a un desarrollo y progreso extraordinarios, modernizarse en el más amplio sentido y protagonizar su mayor etapa de desarrollo y avance. Hoy en día, los problemas a los que se enfrentan los andaluces y andaluzas son similares a los que encaran a diario los ciudadanos de otras regiones de nuestro entorno. Partiendo de una situación de atraso inasumible respecto del resto de regiones, hemos conseguido dotarnos de aquellas infraestructuras, equipamientos y servicios públicos de los que carecíamos.

Desde el inicio de la Transición y durante la gestación del primer Estatuto de Autonomía, se produjo entre los partidos de izquierda un amplio consenso político en torno a la necesidad y urgencia de dar respuesta a las demandas de una ciudadanía que reivindicaba su derecho a contarse entre las demás regiones desarrolladas del país en igualdad de condiciones. Fue necesario abordar una política en grande –que comandó el PSOE– cuyas claves pasaban, ineludiblemente, por una apuesta de futuro que situara a Andalucía en el lugar que merecía y que le había sido históricamente negado. Para tal propósito, se implementaron medidas de desarrollo que han conocido un éxito extraordinario: se han cubierto los graves déficits en infraestructuras, equipamientos y aquellos servicios públicos de los que se carecía; el gobierno de la Junta de Andalucía se ha implicado a fondo en la investigación biomédica y de células madre, en las políticas de igualdad y de dependencia que han permitido un desarrollo ejemplar de los derechos de los andaluces y andaluzas.

No obstante el grandísimo avance vivido en Andalucía, algunos de los procesos de cambio están aún por culminarse. De un lado porque algunas de las políticas que se han puesto en marcha no han logrado sus objetivos: continuamos aún sin alcanzar la plena convergencia con otros territorios en materia de educación, sanidad, I+D+i, implantación de empresas de alta tecnología o empleo. En este último punto, por ejemplo, los gobiernos de la Junta no han logrado desarrollar programas de creación de empleo capaces de incorporar al mercado de trabajo a una creciente población activa. De otra parte, porque no se ha logrado un desarrollo parejo en aquellas políticas más “blandas”, por así decir, más difícilmente definibles, de más complejo diseño y puesta en marcha: aquéllas necesarias para lograr una mayor eficiencia y productividad o las conducentes a instaurar la cultura de la meritocracia. En definitiva, se ha producido un desfase entre el crecimiento de las políticas más orientadas a dotarnos de infraestructuras y equipamientos y aquéllas otras que presentan más características de cultura social y política. En este sentido, parecería, en palabras del sociólogo Pérez Yruela, que estamos cautivos de lo que él denomina la “paradoja de la satisfacción”: hemos conseguido tanto en tan poco tiempo y partiendo, además, de tan atrás que nos mostramos satisfechos con una realidad social, económica y política a la que restan aún aspectos fundamentales en los que mejorar y seguir creciendo.

Para culminar estos procesos de modo satisfactorio, los andaluces debemos comprender que estamos inmersos en un proceso que ha adquirido nuevas dimensiones y perspectivas más amplias: nuestra realidad actual nos obliga a enfocarnos en una visión transnacional como vía para situarnos económica, política y socialmente a la altura de los enormes y complejos retos que plantea un mundo globalizado. Es necesario acometer políticas de inserción más globales que sitúen a Andalucía en plena convergencia con otras regiones de la UE.


Con la magnitud de la actual crisis económica, con la hegemonía de una política neoliberal de tradición anglosajona que está poniendo en grave peligro el Estado de Bienestar, el consenso y la cohesión sociales y pretende hacernos retroceder en derechos ya adquiridos por la ciudadanía, Andalucía se enfrenta al desafío de poder seguir articulando unas políticas públicas que incidan en un mayor crecimiento y avance. Lo que Andalucía se juega en estos momentos cruciales es la posibilidad de continuar el camino que decidió para sí hace ahora 30 años.